Cualquier indicio de acoso escolar afecta por lo tanto a todos los miembros de la comunidad educativa. Y corresponde a los mismos actuar frente a esta situación.
El caso de Adrián, un caso ficticio en un colegio cualquiera de la Comunidad de Madrid, debe ser analizado y solucionado desde todas las perspectivas posibles: a través del claustro de profesores, con las familias de los alumnos a través de reuniones y con los propios alumnos interviniendo en el aula y el recreo.
Adrián definitivamente se encuentra en un caso de acoso escolar. Esto se puede argumentar de cuatro formas:
- No se trata de un problema puntual, si no que se produce con frecuencia. Adrián no juega al fútbol porque no le eligen, además se burlan de él en muchas ocasiones.
- Hay un desequilibrio de fuerza entre los acosadores y la víctima. Él no es capaz de defenderse ni socialmente (falta de habilidades sociales), ni en número (son tres contra uno, y el resto de alumnos no le defienden).
- Hay una intencionalidad por parte de los acosadores de hacerle daño. Los acosadores se dan cuenta de que Adrián sufre y aún así continúan con el acoso.
- Hay una mezcla de emociones positivas y negativas. El acosador se siente bien al meterse con la víctima, mientras que ésta sufre cada vez que es acosada.
Por otro lado, Adrián cumple los requisitos de una víctima pasiva, ya que carece de habilidades sociales y le cuesta defenderse ante el acoso que sufre. Además esto se manifiesta en la pérdida de interés hacia el colegio y el intento de retrasar la hora de entrada cada mañana.
Las reacciones de la tutora y el jefe de estudios sin duda son inadecuadas. En primer lugar la tutora debería haber dado alarma de posible caso de acoso desde que los padres se lo comunicaron. A partir de ese momento todo el profesorado y personal no docente debería haber sido informado por el jefe de estudios para iniciar una observación sistemática del alumno. En el caso de que la situación se considere de acoso, se deberá iniciar de inmediato el protocolo de actuación contra el acoso escolar.
Además, desde mi punto de vista, lo más preocupante es la reacción del jefe de estudios, el cual se dedica a focalizar el problema en la víctima en lugar del agresor y del centro.
En cuanto a aquellos alumnos que no son víctimas ni acosados, tienen un rol muy importante en la detención del acoso escolar. En la situación de Adrián estos alumnos han ejercido un rol neutro, al ser meros observadores y no defender a la víctima. Incluso algunos de ellos han apoyado a los acosadores al reírse de los comentarios abusivos. Sin embargo, una vez no estaban los acosadores delante se han puesto del lado de la víctima. Lo que da a entender que tienen miedo a ser rechazados debido al poder social que ejercen los acosadores en el grupo.
Los alumnos deben ser conscientes de su papel en esta situación, y de que pueden cambiarlo todo si rechazan el acoso y se enfrentan a las prácticas abusivas de los acosadores. Para ello es necesario trabajar la convivencia con dinámicas grupales en las que todos los alumnos tengan un papel importante.
Existen una serie de documentos que se deben contemplar ante esta situación:
- El reglamento de régimen interior: la regla interna donde se establecen los derechos y deberes de los alumnos.
- El plan de convivencia del centro: donde se establecen los criterios, objetivos y procedimientos de evaluación y actuación, para lograr una buena convivencia entre sus miembros.
- El plan de acción tutorial: con la planificación de las acciones a llevar a cabo por los tutores.
- Decreto 15/2007 del 19 de abril: en el que se determina un marco regulador de la convivencia en los centros docentes de la Comunidad de Madrid.
- Protocolo para la corrección y sanción de las situaciones de acoso escolar en centros docente no universitarios de la Comunidad de Madrid: con las actuaciones y pasos a llevar a cabo ante un caso de acoso escolar.
De acuerdo a estos documentos las medidas educativas que se deben tomar comienzan por detectar la situación de acoso mediante una observación y anotación sistemática por parte del profesorado y el personal no docente. Una vez se considera que existe acoso se comunicará inmediatamente a las familias de los implicados y a la inspección educativa.
Después de esto el equipo directivo, el orientador del centro y los tutores establecerán unas medidas que garanticen el apoyo y la protección del agredido y la modificación de conductas del agresor. Además se llevarán a cabo actuaciones dentro de la clase en las que todos los alumnos trabajen habilidades sociales y prácticas positivas para una buena convivencia.
Los agresores recibirán una sanción grave para reparar el daño moral o físico al agresor y reconocerán la responsabilidad de sus actos.
Por otro lado la comisión de convivencia correspondiente evaluará de forma periódica los resultados de las actuaciones llevadas a cabo por el centro. Se evaluarán los siguientes aspectos:
- La eficacia de las medidas adoptadas para la protección y el apoyo psicológico del acosado.
- La eficacia de las medidas adoptadas para la modificación de conductas del acosador.
- El impacto del caso en la convivencia del centro.
Como conclusión, me gustaría insistir en que la mejor manera de actuar ante un caso de acoso escolar es aceptarlo y llevar a cabo medidas inmediatas en las que todo el centro esté implicado. Trabajando juntos y aprendiendo los unos de los otros podemos frenar el problema y prevenir futuros casos.
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